Paleontólogo del Museo Nacional de Historia Natural descubrió en Carmelo restos fósiles de un gliptodonte de unos 17.000 años de antigüedad

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Andrés Rinderknecht, paleontólogo del Museo Nacional de Historia Natural descubrió en un establecimiento agropecuario cercano a Carmelo, en el departamento de Colonia, restos fósiles de un gliptodonte que habitó nuestro país hace aproximadamente 17.000 años.

Se trata de dos piezas de caparazón pertenecientes a un mamífero que pesaba entre 800 y 1.000 kilos. Rinderknecht recordó que “hace 16, 18 y hasta incluso 50.000 años había muchísimos mamíferos enormes en Sudamérica entre los cuales estaban las mulitas gigantes. Lo que encontramos es una de ellas, técnicamente llamada gliptodonte”

Si bien, se conocen fósiles de este mamífero en todo el país, incluso con caparazones completas, este hallazgo constituye uno de los más grandes realizados hasta la fecha.

Según explicó el paleontólogo del MNHN, cuando un gliptodonte muere, las 2.000 placas que conforman el caparazón se desarman. “Es muy común encontrar plaquitas sueltas que además se fosilizan muy bien. Lo que no es común es encontrar pedazos tan grandes de caparazón que fue lo que apareció en Carmelo”.

El experto visitó Carmelo luego de que el dueño del establecimiento se comunicara con el Sistema Nacional de Museos para contar el hallazgo en un camino cercano a un arroyo. Su primer acercamiento al lugar consistió en visitar el terreno y sus características, ver el material, el tamaño y su estado de preservación. “Resultó que estaba impecablemente preservado, no estaba completo, pero había una parte muy grande de la caparazón dada vuelta, lo cual también es una buena noticia, el sedimento era bárbaro y el lugar perfecto para sacarlo”, expresó Rinderknecht.

A las dos semanas, regresó al lugar para proceder a su retiro. Allí realizó un trabajo que le insumió tres días. El primer día, junto con un colega del MNHN, se dedicaron a picar y sacar el sedimento de arriba de la caparazón. El segundo día le realizaron el encofrado con alambres, hormigón y arpillera. Por último, la subieron a una camilla de madera sobre un colchón y del establecimiento trasladaron los restos al Museo de Carmelo.

Resta ahora, terminar de montar, consolidar y limpiar la caparazón para luego hacerle una vitrina, cartelería y presentar la pieza en el Museo de Carmelo, donde permanecerá.

“Es un material que tiene mucha importancia cultural, porque ver un pedazo enorme de caparazón de una mulita de 1.000 kilos es una cosa que a todo el mundo le impacta. Para el Museo de Carmelo será la pieza clave, la más linda e impresionante que tendrá en su acervo”, destacó Rinderknecht.

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