Celebraron Día del Libro en las Villa en el marco los 100 años del fallecimiento de Jose Enrique Rodo

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En Casa del Abuelo de Rodo  se desarrollo una nutrida actividad celebrando el Día del libro en los 100 años del fallecimiento de JOSÉ E. RODÓ 

Conto con la presencia del Alcalde Washington Loitey y excelente participación de la población.

El Escritor nacio el 15 de julio en Montevideo en el seno de una familia acomodada. Su padre era un comerciante catalán y su madre uruguaya. Fallecio en Palermo en el año 1917.

Ariel es la obra más conocida de Rodó. Fue muy estudiada tanto por los escritores americanos como por los españoles.

En Ariel se expone una propuesta moral a la juventud, que llevará aparejada un cambio social. Dicha propuesta tiene como supuesto la conquista de la libertad personal que se orienta a la búsqueda del bien. Rodó propone la ordenación de la inteligencia y de la voluntad a tal fin.

Se ha dicho que el regeneracionismo presenta siempre una línea programática. En razón de la época, esta obra rodosiana podría encuadrarse como afín al espíritu regeneracionista, pues Ariel cumple de forma clara ese carácter, ya que la obra presenta un programa de vida, pero más que regeneracionista es una obra modernista.

Ariel expone una antropología que apuesta por una vida austera de amor a la ciencia; sorprende gratamente comprobar la importancia que Rodó concede a la voluntad, lo cual le impide caer en intelectualismos reductivistas o en sentimentalismos decadentes. Desde la voluntad exalta la esperanza, el entusiasmo, el optimismo, la renovación, la fe en el porvenir, la confianza en el esfuerzo humano..., como una capacidad que la voluntad posee para alcanzar los más altos ideales. Rodó propone la práctica de pasiones puras frente a sentimentalismos subjetivistas, carentes de desarrollo personal que merman el progreso social.

Las seis partes constituyen una defensa acerca de las siguientes cuestiones: uno, la lucha de cada generación por un programa propio; dos, la educación integral de la naturaleza humana; tres, la unidad de la estética y la ética; cuatro, la crítica al utilitarismo; cinco, la exposición de las virtudes y defectos de los pueblos americanos; seis, la conquista de un ideal auténticamente humano.

Junto a estas propuestas rechaza:

El auge desmedido del positivismo;

El abandono de la ética;

El abandono de la estética.

a) Rodó critica el pragmatismo norteamericano por su sentido altamente utilitarista. Su reflexión a este respecto es más inquietante y tiene que ver con el sentido último de la vida y, específicamente, con el significado de la historia de los pueblos.

Tampoco Rodó se refiere, en modo alguno, a la esencia de la americanidad, como si de un carácter eterno y abstracto se tratara; le interesa la búsqueda de aquellos caracteres que constituyen sus propias raíces culturales. Rodó resume esta concepción en la necesidad del espíritu como lo permanente entre la tradición y el auténtico progreso. Ésta es la memoria que vivifica y proyecta el futuro en toda su complejidad (Texto 13).

b) Para algunos comentaristas la aportación del modernismo filosófico consiste en el planteamiento de «una nueva definición de los valores humanos en el mundo moderno». Y en Rodó podemos ver que ésta es su primera preocupación. La tarea propiamente humana es la de orientar la vida asumiendo una tarea intelectual y volitiva. La condición ética consiste en tomar la vida como una misión que supone acometer un proyecto tanto personal como científico.

Esta ciencia sólo deberá entenderse bajo una unidad sistemática que recoja el sentido histórico y, por tanto, el lugar del hombre en el mundo. Si no es así, la actividad científica no sería más que un cúmulo de ideas abstractas y confusas, y la confusión no trae más que descontento. Así ha sucedido con el cientifismo, que ha llevado aparejado la desorientación de la auténtica función intelectual. El modernismo pide una renovación espiritual que concilie el desarrollo 

de las ciencias con la fe y una preocupación por un humanismo autónomo. En este sentido, Rodó parece superar el frío formalismo de una ética del deber en razón del deber mismo y se sentiría más cercano de una ética estética o armónica.

Critica también un democratismo que, buscando el rasero común, emborrona el afán de perfección como propuesta de una vida mejor que promueva las claves que nos posibiliten vislumbrar un brillante porvenir.

c) La estética rodosiana se basa en una renovación íntima y atenta a la sensibilidad, lo cual explica la complejidad y la peculiaridad del ser humano en su íntimo reconocerse. De este modo, proclama el progresivo desarrollo de una civilización cuyo destino es la perfección como libre expresión de todas las energías que conducen a la meta, y nunca con un sentido restrictivo de la capacidad, a la vez, integradora y expansiva; del hombre.

Este desarrollo expansivo de la naturaleza humana; suscita los más nobles sentimientos y logra la libertad a través de las virtudes sociales de tolerancia frente a cualquier tipo de prejuicios que aten a los seres humanos a cadenas eminentemente particularistas o de partido. Critica cualquier tipo de hombre unidimensional que resulta deplorable en cualquier tiempo, venga del lado que viniere.

En este sentido deben entenderse las críticas de Rodó al utilitarismo y no puede decírsele que sea defensor de un ocio diletante, tan poco usual en su propia vida. Rodó procura el desarrollo de la vida humana en toda su amplitud. En esta trayectoria conmueven algunas de sus metáforas, como la del madero de la cruz: «Por fortuna -dice, aludiendo a la filosofía de Nietzsche-, tales ideas no prevalecerán mientras en el mundo haya dos maderos que se puedan colocar en forma de cruz -es decir, siempre-; ¡la humanidad seguirá creyendo que es el amor el fundamento de todo orden estable y que la superioridad jerárquica en el orden no debe ser sino una superior capacidad de amar!» (O. C., p. 230). La metáfora es bella, sugerente y delata, además de un ágil modo literario, un hondo sentido de la vida en la que vence el amor.


En resumen, Ariel es un símbolo y promete un sueño de realidades no reductibles a la idea de que el progreso pueda entenderse en un único sentido. Intenta exponer que la técnica es una parte de la vida y que el pragmatismo sajón no constituye la raíz cultural del pueblo hispanoamericano (Texto 14). De ahí la defensa del hombre como realidad integral, como proyecto que arraigue en la tradición y en la cultura que acoge lo humano.

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