De Uruguay a Alaska: Ana Carolina , la Cardonense viajera que vive hace 12 años sobre ruedas.
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
«Yo no viajo para llegar a un lugar, viajo para encontrarme», dijo Ana Carolina Squitin en una entrevista cargada de emoción con Javier Seveso en Rock and Frío.
Desde su Uruguay natal, la viajera contó cómo hace 12 años cambió su rutina por una vida sobre ruedas que la llevó desde Ushuaia hasta Alaska
Trabajaba en una aerolínea, tenía mi casa, mi estabilidad, pero un día dije basta. Vendí todo, compré una camioneta, la convertí en mi hogar y salí. No sabía qué iba a pasar, solo que no quería seguir postergando mi sueño», relató.
Aquella primera camioneta, a la que bautizó «La Charrúa», fue su compañera hasta el extremo norte del continente. Hoy divide su tiempo entre Gaia, su casa rodante en México, y Serendipia, otra en Italia. «No tengo una casa fija, tengo dos casitas con ruedas. Una en cada continente», contó entre risas.
Ana nació y creció en Cardona, departamento de Soriano, en el interior uruguayo. De niña soñaba con horizontes lejanos: «Me encantaba mirar el campo y pensar qué habría más allá. Salía en bici 15 o 20 kilómetros, como si fuera una gran aventura. Creo que ese espíritu estaba en mí desde chica», recordó.
Aunque el impulso de viajar la acompañó siempre, el salto fue grande. «En 2011 no existían los youtubers viajeros ni las redes que te muestran que es posible. Fue un paso al vacío. Ni GPS tenía, me movía con mapas de papel».
Esa experiencia, asegura, le enseñó más de lo que imaginaba: «Aprendí mecánica, aprendí a confiar en mí y a entender que la vida no espera. Mientras estamos vivos, siempre estamos a tiempo de cambiar».
Durante la entrevista con Seveso, Ana habló del lado más profundo del viaje: el crecimiento interior. «Viajar sola me hizo enfrentar mis miedos y entender que la soledad no es ausencia, es un espejo. Aprendí a conocerme con mis luces y mis sombras», reflexionó.
Al principio buscaba respuestas afuera, en los paisajes o en las culturas. Con el tiempo entendí que todo lo que pasa afuera refleja lo que pasa adentro. El viaje externo y el interno son el mismo.»
México ocupa un lugar especial en su corazón. «Es mi segundo país, me siento mexicana. Siempre vuelvo. Amo su energía, su gente, su cultura. Es un país que me abrazó», confesó.
Su historia también tomó forma en palabras. A lo largo del camino, Ana Carolina escribió cuatro libros, entre ellos Mi vida viajando, Viajar sin dinero y El viaje hacia adentro.
«Empecé escribiendo para no olvidar. Tenía una libreta donde cada noche anotaba lo que vivía, lo que sentía. De esas páginas nació mi primer libro», recordó.
Hoy, miles de personas la siguen y se inspiran con su mensaje: «A veces no somos conscientes de que nuestra vida puede ser el impulso que otro necesita. Si mi historia ayuda a alguien a animarse, ya vale la pena.»
Y dejó una reflexión final que emocionó al aire:
«Mientras estemos vivos, siempre estamos a tiempo de cambiar. Lo que más miedo me da no es fracasar, sino morir arrepentida de no haber vivido como quería.» Dijo Carolina.




