Plenario de Trabajadores de Soriano recordó los 49 años de la huelga contra la dictadura y los futuros desaparecidos
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Con la presencia de representantes de distintas asociaciones y gremios se recordaron los tiempos en que el país y naturalmente nuestra región vivió los tensos momentos previos y posteriores al Decreto que prohibió el funcionamiento democrático y estableció la censura de los distintos medios de comunicación. La misma madrugada del 27 de junio de 1973 en que se gestó el golpe de Estado, la entonces Convención Nacional de Trabajadores CNT, y la Universidad de la República comenzaron una huelga de resistencia, la más larga en la historia del país, que duró quince días, durante la cual los militares realizaron detenciones a numerosos opositores.
Febrero de 1973 había anticipado los hechos como un preámbulo, cuando Juan María Bordaberry nombró al General Antonio Francese como Ministro de Defensa, respondiendo el ejército y la Fuerza Aérea con los comunicados 4 y 7 donde desconocían la autoridad del nuevo Ministro y los militares daban la pauta de sus intenciones.
El desconocimiento del Ministro y los planteamientos queriendo participar de la vida política del país, marcaron una clara insurrección de estas dos armas, aunque la Armada se mantuvo leal a la Constitución y ocupó la Ciudad Vieja.
En un primer momento se había interpretado el golpe como una medida de carácter «peruanista» que pondría Ministros comunistas y socialistas en el gobierno, lo que también contribuyó a que la huelga estuviera rodeada de posturas de distinto signo. Sin embargo la decisión de disolver las Cámaras de Senadores y Representantes creando un Consejo de Estado con funciones legislativas y con el encargo de proyectar una reforma constitucional que reafirmara los principios republicanos y democráticos, consolidó el golpe y restringió la libertad de pensamiento, dándole a las Fuerzas Armadas y a la Policía la facultad de asegurar la prestación ininterrumpida de los servicios públicos.
Una de las medidas que favoreció la efectivización del golpe, fue la censura de los distintos medios de comunicación, ya que el decreto establecía la prohibición de divulgación por la prensa oral, escrita o televisada, de «todo tipo de información, comentario o grabación que, directa o indirectamente se refiera a lo dispuesto por el Decreto, atribuyéndole propósitos dictatoriales al poder Ejecutivo o pudiera perturbar la tranquilidad y el orden público».
Naturalmente la inexistencia de Internet medio siglo atrás, circunscribía la prensa a los diarios, radios y televisoras, que tuvieron enormes dificultades para dar a conocer los hechos posteriores . Se iniciarían ahí doce años de dictadura. En junio de 1976, a dos años de instalada la dictadura en los hechos, el Gral. Eduardo Zubía pidió la renuncia de Juan María Bordaberry, a lo que éste se negó y al día siguiente, el 11 de ese mes, la Junta de Oficiales Generales con la firma del Comandante en Jefe Julio Cesar Vadora, envió una carta a Bordaberry advirtiéndole que le habían perdido la confianza, asumiendo la presidencia Alberto Demicheli, quien se negó a firmar las proscripciones de los políticos que pedían los militares, siendo sustituido en setiembre por Aparicio Méndez quien asumió durante los cinco siguientes años.
Durante esa década, presos políticos y desaparecidos conformaron un doloroso paisaje que tuvo como protagonistas a muchos jóvenes de Soriano.
Aún falta conocer el paradero de siete de los diez detenidos desaparecidos, después de la recuperación de Modesto Quiñones, un militante del SUNCA, Ricardo Alza, militante del Partido Comunista y Ricardo Blanco, funcionario de UTE, cuyos restos se encontraron el 16 de marzo de 2012 en Toledo, siendo sepultados en el cementerio de Mercedes.
Los que aún no fueron hallados son Antonio Omar Paitta, militante sindical y miembro del Partido Comunista que fue detenido en su casa y trasladado a la Tablada, donde su voz fue escuchada por Victoriano González, atestiguando que alrededor de fines de setiembre estuvo en el centro de detención de la Tablada; Nebio Melo, el único hijo de Luisa Cuesta y René Melo fue quizá uno de los más notorios desaparecidos, buscado empecinadamente por su madre tras el secuestro en 1976 cuando se había integrado al proceso de creación de la Unión Artiguista de Liberación. Wiston César Mazzuchi, hijo de Dominga Frantchez y Antonio Mazzuchi, era vendedor de libros y su esposa Mabel Zabalza estaba detenida en Uruguay cuando se refugió en Argentina y fue llevado de un bar en Buenos Aires en 1976. Luján Alcides Sosa, nacido en las proximidades de José Enrique Rodó, era hijo de un agricultor y se trasladó a la Argentina con integrantes de su banda de música para trabajar en una imprenta y desapareció, aunque no estaba requerido y no se le conocía militancia alguna, desapareciendo en abril de 1977 con la sospecha de que pudo haber oficiado de correo de los montoneros. Alfredo Bosco Muñoz, hijo de Alba Muñoz y Alfredo Vicente Bosco, se radicó en Montevideo a los 18 años tras concurrir a la Escuela Nº 1 y Liceo Nº 1 de Mercedes y trabajó en la empresa BAO y en un Banco, viajando a Buenos Aires ilegalmente para recibir asilo político cuando fue secuestrado en diciembre de 1977. Carlos Federico Cabezudo, hijo de Miguel Angel Cabezudo y María Pérez, había estudiado Ingeniería y participó en Israel de un torneo juvenil de Ajedrez, habiéndose requerido su captura en Uruguay en 1973 cuando militaba en el Partido Comunista Revolucionario.
Finalmente Elba Lucía Gándara, realizó la Educación Primaria en Mercedes, estaba casada con Juan Enrique Velázquez, con quien tuvo cuatro hijos.
Estuvo presa en Uruguay y al ser liberada se fue a vivir a la Provincia de Buenos Aires, vinculándose a los montoneros y desapareciendo el 18 de febrero de 1977.

