Un oficio que resiste el paso del tiempo y hoy tiene fiesta propia: Segundo encuentro de Esquiladores

Por Sergio Pérez,

Hoy tenemos el privilegio de compartir una entrevista extraordinaria, enfocándonos en un oficio que se erige como un pilar de nuestra identidad rural: la esquila. Esta práctica, emblemática en su naturaleza, encarna una fusión única de robustez y sacrificio, al mismo tiempo que revela una sorprendente compasión y delicadeza en las manos del esquilador.

Y el esquilador hoy tiene su fiesta: una celebración que combina tradición, esfuerzo y comunidad. Nando Benia, vecino de la localidad de José Enrique Rodó, recitador y comunicador, es integrante del grupo organizador del 2do Encuentro Nacional de Esquiladores en José Enrique Rodó, Soriano, Uruguay. Y junto a él exploramos la esencia de un oficio que, a pesar de los desafíos modernos, sigue manteniéndose vivo y vibrante. Este evento no solo celebra una profesión, sino que también marca el centenario de la denominación del municipio José Enrique Rodó, un hito que resuena en el corazón de sus habitantes.

Pero antes de introducirnos en esta entrevista, buena cosa es citar a Roberto J. Boutón y su libro “La vida Rural en el Uruguay” para recordar características de este oficio que – aunque antiguo – sigue vigente. Quizás ello nos ayude a comprender el porqué de esa permanencia a pesar del paso del tiempo y de los azotes que el rubro ovino ha venido sufriendo desde hace buen tiempo.

Recordemos que Boutón estudió la vida del gaucho en las tres primeras décadas del siglo pasado. En esta oportunidad nos habla de una actividad rural que, si bien era zafral, daba empleo a mucha gente de nuestra campaña. Bouton nació en Montevideo en 1877, y estuvo directamente vinculado al medio rural desde muy temprano.

“Octubre es el mes de hacer este trabajo. Empiezan los preparativos: las ovejas que lo precisaban han sido descascarriadas; se ha barrido bien
los bretes, y se les ha repasado para su acomodo; apròntanse maneas (tiras de cuero de oveja, de ternero o de carpincho, que es cuero muy propio para ello por lo fuerte), los tablones que descansaban desde el año anterior, sobre los tirantes del galpón, han sido bajados, para acomodarlos como piso, (si éste es de tierra) o puesto arpillera sujeta y tirante por medio de grampas de alambre grueso. Claro que todo esto es para aquellos, los más, que no tienen su buen galpón de material con piso de “hormigón” y sus correspondientes rejillas de listones de madera, para poner en el lugar de cada esquilador.

La tarde anterior a la esquila se han juntado las majadas y acercado al potrero o piquete, próximo al galpón de esquila. La comparsa, apalabrada desde días antes. Llámase comparsa a un número de esquiladores, que bajo la dirección de uno, el capataz de comparsa, van de una estancia a otra, efectuando los trabajos de trasquila. Son más o menos numerosos los individuos que la forman. La compone un capataz, encargado y responsable del personal que lo acompaña, los esquiladores, varios en número, los agarradores, encargados de hacer las embretadas, agarrar las ovejas y llevarlas hasta la cancha de esquila, y allí manearlas (cruzándoles la pata izquierda entre las dos manos), colocándolas frente a los esquiladores; el atador, que toma los vellones pisándolos bien; el cocinero, encargado de hacer la comida para todos.

Los cometidos del “médico” y “venteveo”, son el general desempeñados por muchachos pertenecientes al personal de la casa. El llamado “médico”, está encargado de hacer la fácil curación de las pequeñas heridas producidas por los cortes o puntazos de las tijeras. Va y viene de un lado para otro, con su tarrito de creolina, que aplica sobre los tajos, por medio de un hisopo, o también polvo de carbón, que es más práctico, y que se prepara, generalmente, con carbón hecho de un tronco de ceibo, que por contener mucho tanino estanca pronto la sangre. El “médico” tiene muchos clientes, a veces, y así en la cancha se oye a cada momento: “¡Médico!”, es uno que ha cortado, cuando no es llamado con apuro: “¡Médico al galope, sin puede hacerlo, que venga al trote!”, o !¡Médico al galope, que hay un bicho cortao en el cogote!”. Hace o desempeña también otras funciones; ayuda al “venteveo”, que así llaman al encargado de juntar los desperdicios de lana, el corte de la lana de la barriga y de las patas, etc. Quizás lo llamen así por parecerse al pájaro del mismo nombre, que hace su nido juntando pedacitos de lana que encuentra diseminados por el campo.

Por último el canchero, encargado de barrer la cancha, haciendo montoncitos de lana para el venteveo, siempre pronto con su pala y su escoba de carqueja para acudir al llamado de algún esquilador, que pide: “¡Servicio aquí!” y va a recoger las bostas y barrer la orina. Antiguamente las comparsas eran numerosas; las había hasta de 50 y 60 esquiladores.

Se está de esquila. Empiezan a llegar los esquiladores en grupos más o menos numerosos, ya vienen de haber esquilado en otras estancias. Generalmente montados en caballitos de poco valer, muchos los han conseguido prestados para esta patriada del trabajo, flacos unos, despiados los más; en fin, parece que tuvieran un tipo especial de caballitos y…de caballitas…(que así me dijo un
esquilador, al ponderarle su caballito: “Caballita, nomás señor”, porque era una yegua).”


Tras el detallado relato de Roberto J. Bouton sobre la esquila en Uruguay, una práctica arraigada y emblemática en la vida rural del país, nos preparamos para conectar este rico telón de fondo histórico y cultural con la realidad actual. La entrevista con Nando Benia no es solo un puente hacia el presente, sino también una oportunidad de ver cómo este oficio ancestral ha evolucionado y sigue vibrando en el corazón de las comunidades rurales. A través de las palabras de Nando, exploraremos cómo la esquila, descrita con tanta vivacidad por Bouton, se mantiene como un pilar en la identidad uruguaya y cómo ha moldeado las vidas de aquellos que, con sus manos y corazones, continúan esta tradición.

Tras el éxito del primer encuentro, el equipo no perdió tiempo en planificar y ya empezaron a trabajar para el segundo. Este enfoque proactivo y dedicado refleja la pasión que impulsa a los organizadores de este evento. “Durante todo el año se fueron cambiando ideas y tomando decisiones”, subrayando la importancia de la adaptabilidad y la colaboración en su comunidad.

El esfuerzo conjunto no pasó desapercibido, ya que el evento ha sido reconocido como de interés turístico nacional por el Ministerio de Turismo, además de recibir el apoyo de la Junta Departamental de Soriano, la Intendencia Municipal de Soriano y el municipio de José Enrique Rodó. “Un municipio de José Enrique Ródo abocado precisamente a los festejos de los 100 años de nominación”, señala, entrelazando la historia local con la celebración del encuentro.

La historia del pueblo, que data de 20 años antes de su denominación en 1924, se entremezcla con la celebración: “Ahí la población decidió pedir ese nombre de José Enrique Ródo”. Este detalle histórico no solo enriquece el contexto del encuentro sino que también resalta la importancia de la comunidad en la preservación de su legado.

El sueño de Waldemar Urchipía, un visionario en la comunidad de esquiladores, es una anécdota central en nuestra conversación. Benia relata cómo lo que empezó como una broma se convirtió en una realidad tangible: “Waldemar todavía no ha caído mucho en lo que es, porque para él fue un sueño”. Esta historia subraya cómo la pasión y la perseverancia pueden transformar las ideas más atrevidas en realidades concretas. “Y hoy es una realidad que está llegando a todos los rincones del país”, declara con orgullo. La figura de Waldemar Urchipía emerge como un personaje central en esta narrativa, no solo como esquilador sino como un impulsor vital del movimiento.

Este encuentro, originado en una simple reunión entre colegas, ha ganado una relevancia tal que culminó en la declaración del Día Nacional del Esquilador. La historia se tiñe de agridulce cuando Benia recuerda a la diputada Virginia Fros, la representante de Rivera cuyo fallecimiento dejó una huella profunda en el primer encuentro. “Virginia fue la que trabajó muchísimo eso”, rememora con un tono de respeto y melancolía.

Waldemar Urchipía, presidente del grupo organizador, es elogiado por su liderazgo y dedicación. “Y Waldemar Urchipía, sí, que es el presidente del grupo y un grupo que trabaja impresionante”. La colaboración y el esfuerzo conjunto se hacen evidentes en cada aspecto de la organización.

El Encuentro Nacional de Esquiladores es también un espacio donde los sueños se materializan, y cabe mencionar especialmente a Panchito Marcenal y Zully Moreira, quienes han sido fundamentales en la construcción del escenario propio del evento. “Realizado absolutamente por Panchito y Zully”, señala, destacando el trabajo manual y el compromiso de estos individuos.

El papel de las mujeres en el grupo no pasa desapercibido. Benia relata con un toque de humor cómo las mujeres del grupo han demostrado su fuerza y habilidad, dejando en evidencia la participación activa y crucial de todos los miembros de la comunidad en el evento.

El segundo Encuentro Nacional de Esquiladores no solo se centra en la esquila, sino que también incorpora otras actividades tradicionales, como el trabajo de perros con ovejas. Benia describe esta adición como “una cosa muy linda de ver” y alaba la habilidad de Daniel Sosa, un vecino y amigo dedicado a esta práctica. La pasión de Sosa por su trabajo y su colaboración con una perra de Juan Villalba añaden un elemento vibrante y emocionante al encuentro.

El 2do Encuentro Nacional de Esquiladores se revela como un mosaico de talentos y esfuerzos colectivos, donde cada detalle suma al tapiz cultural. Nando Benia expone con entusiasmo la incorporación de Cristina Peyronel, quien aporta una exhibición de prendas de lana. “Y bueno, Cristina ha logrado todo, ir armando todo ese entramado”, dice Benia, destacando la importancia de reconocer todas las facetas del trabajo con la lana, desde el lavado hasta el tejido y comercio.

La restauración de una máquina de 1887 se convierte en un punto focal de la narrativa. “Pero ya el amigo Hillman, Oswald Hillman, está dando una mano para ponerlo en marcha ese motor de nuevo”, relata Benia, enfatizando cómo la tradición se entrelaza con la innovación. Este aspecto nostálgico del evento no solo celebra la historia sino que también muestra la evolución y adaptación del oficio.

Benia comparte la noticia de que Rodríguez, la esquiladora embarazada que aparece en el afiche del evento, no podrá participar en la esquila, pero su compromiso con el encuentro sigue firme. “Ya comprometió a otra compañera de ella y se comprometió a buscar alguna más también”, agrega, subrayando la solidaridad y el apoyo mutuo dentro de la comunidad.

El componente musical del evento es igualmente impresionante. Benia enumera con orgullo a los artistas y grupos que participarán: Nelson Pérez, Mario Burgues Molina, Omar Mendiverry Ayala, Sergio Pérez, Victoria La Paz, Beco Pastorino, el grupo Madre Tierra, José Luis Vizconde, Martín Urchipía, el grupo de danza municipal de Santa Catalina, Toto García y su grupo Raíces de Rivera, Pitingo Izaguirre de San Justo, Enzo Castro, el dúo Sin Frontera y Heber Altuna. “Hay muchos valores locales, y grupos de excelente nivel que llegan desde diferentes puntos del Uruguay”, afirma, resaltando la riqueza cultural local y la hospitalidad hacia los visitantes.

La accesibilidad y el compromiso comunitario son pilares fundamentales del 2do. Encuentro Nacional de Esquiladores. Nando Benia comparte detalles cruciales para quienes planean asistir, enfatizando que el evento es tanto un festejo como una oportunidad para apoyar causas locales. “La entrada es de 200 pesos y el tique para almorzar es de 600 pesos incluida la entrada”. Este enfoque en precios razonables subraya la intención de hacer el evento accesible para todos.

El Club Deportivo y Social Rodó, ubicado en el kilómetro 209 de la Ruta Nacional nº2 en José Enrique Rodó, Soriano, será el anfitrión del encuentro. Benia describe el lugar con entusiasmo: “Donde el club tiene un parquecito, con una sombra impresionante, divina”. Este entorno idílico promete no solo una experiencia cómoda sino también una conexión con la naturaleza y la cultura local.

La estructura del evento refleja una planificación cuidadosa y una preocupación por el bienestar de los asistentes. “Hay una cosa que también hay que decir, que este grupo no tiene fines de lucro”, explica Benia. El propósito detrás de la recolección de fondos es transparente y noble: cubrir los costos del evento y apoyar a instituciones locales. Benia menciona con orgullo que los ingresos del último encuentro ayudaron a financiar el techo de una ambulancia, un ejemplo concreto de cómo el evento beneficia directamente a la comunidad.

El compromiso del Encuentro Nacional de Esquiladores con la responsabilidad social se extiende aún más. Benia destaca el apoyo a grupos de oncología y quimioterapia, reconociendo su trabajo silencioso pero significativo en la asistencia a personas con problemas oncológicos y económicos. Estas colaboraciones refuerzan la idea de que el encuentro es más que una celebración; es un acto de solidaridad y apoyo mutuo.

La oferta cultural es amplia y diversa, con un énfasis en el talento local, refiriéndose a una variada agenda que incluye música y danza. La participación de artistas de Artigas y Rivera, y la posibilidad de incluir un cantor de Artigas el próximo año, subrayan el carácter inclusivo y expansivo del evento.

El 2do Encuentro Nacional de Esquiladores no solo celebra la esquila sino también la unión y el talento de todo Uruguay. Nando Benia resalta la participación de esquiladores de diversos departamentos, incluyendo Durazno y Artigas, reconociendo su habilidad y dedicación. “Durazno es un departamento de muchos y muy buenos esquiladores”, afirma, ilustrando el alcance nacional del evento.

El encuentro rinde homenaje a figuras destacadas del oficio, como Roberto da Silva, hermano de un famoso jugador de Peñarol, y Hugo Olaverry, pionero de la esquila “Tally – Hi” en Uruguay. “El sur se apoyaba en la experiencia de Hugo Olaverry para llevarlo a todos lados a enseñar”, comenta Benia, destacando el impacto y la trascendencia de estos esquiladores en la comunidad.

El Encuentro Nacional de Esquiladores también ha atraído la atención de autoridades y figuras importantes, incluyendo la cónsul de España y el subsecretario del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. “El año pasado tuvimos una muy buena compañía también de muchas autoridades”, recuerda Benia, lo que demuestra el reconocimiento y la relevancia del evento a nivel nacional e internacional.

En esta última parte de la entrevista, Nando Benia resalta la importancia del apoyo recibido de diversas regiones de Uruguay, incluyendo el Secretariado Uruguayo de la Lana. “El SUL ha estado con nosotros mano con mano. Desde el primer momento”, afirma Benia, ilustrando la solidaridad y el soporte que han sido fundamentales para el éxito del Encuentro Nacional de Esquiladores.

Además, Benia menciona la posible asistencia de figuras destacadas como el ministro de Turismo, señalando la relevancia del evento más allá de las fronteras locales.

El espíritu del festival se refleja en el deseo de que tenga “vuelo propio”, como lo expresa Benia. “Que sean los propios vecinos impulsores. El propio grupo de trabajo. Que se ponga en manos esta fiesta”, enfatiza, destacando la visión de un evento impulsado y sostenido por la comunidad. Esta autonomía no solo fortalece el evento sino también a la comunidad que lo rodea.

El 2do Encuentro Nacional de Esquiladores en José Enrique Rodó es una fiesta que trasciende el mero acto de esquilar. Es una celebración de un oficio, un amalgama de tradición, innovación, cultura y una comunidad que se extiende más allá de las fronteras locales. A través de la colaboración, el apoyo y el espíritu comunitario, el evento simboliza la fuerza y el carácter de Uruguay y su gente, subrayando la importancia de unirlos en torno a tradiciones valiosas, solidaridad y un profundo sentido de pertenencia.

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