Cóctel de perfumes

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Fragancias tradicionales, orgánicas y sustentables. Qué ingredientes las componen y cómo elegirlas. Tips de expertos y recetas caseras para hacer con los chicos y sorprender.

Las fragancias -dicen los que entienden- son como la música: están compuestas por notas. En los perfumes, esas notas se traducen en los ingredientes. De visita en Buenos Aires, Miguel Angel Sobera, international training manager de Essence Corp, que trabaja para marcas como Lalique y Jaguar, dio una charla para aprender a reconocer las notas de las fragancias. Según Sobera, “alrededor del 95% de los componentes tienen origen sintético y, el resto, son naturales”. Combinar esos ingredientes para formar acordes es un trabajo largo y delicado de los maestros perfumeros o narices, como también se los conoce, porque un perfume, aunque se percibe por el olfato, envuelve todos los sentidos y permite viajar en el tiempo. “La vainilla, por ejemplo, es el ingrediente favorito de los hombres para las mujeres porque lo relacionan con la comida”, cuenta Sobera.
Las fragancias se perciben en tres etapas: la primera impresión -o nota de cabeza- es la más fuerte. Suelen utilizarse cítricos, frutas, alguna flor conocida. Ese encanto dura unos veinte minutos desde la aplicación. La segunda nota es el alma del perfume, el ingrediente central -floral o especiado- y le da identidad. En la piel se siente a partir de los 20 minutos de puesto y su efecto dura dos horas. Por último, en la base de la pirámide olfativa, estás los ingredientes que soportan la fragancia y cuya esencia permanece de dos a ocho horas y son las maderas y resinas.
“Las fragancias son como emociones que hablan de la persona que las usa -dice Sobera- y es una comunicación silenciosa porque dice todo sin palabras”. Se puede hablar de un teclado de notas olfativas que empiezan con aromas frescos y ligeros y van creciendo en intensidad hasta las fragancias más cálidas y voluptuosas. En un extremo se ubican las colonias, luego los aromas orientales y finalmente los olores más amaderados y chypre.
Sobre gustos, se sabe, no hay nada escrito. “Cada país que produce fragancias tiene sus particularidades -cuenta Sobera-. Es curioso porque muchas veces crean cosas que gustan más en otras regiones. Por ejemplo, los franceses producen fragancias intensas que les gustan mucho a los americanos; mientras que los europeos prefieren los perfumes más frescos y suaves. En Argentina hay más influencia del gusto europeo que del americano. Inglaterra, Italia y Francia son productores de fragancias con personalidad. En cambio, Japón crea aromas muy frescos”.
Sobera se dedica a entrenar a las vendedoras de las grandes tiendas y dice que es un oficio donde se aplica mucho de psicología a la hora de ofrecer perfumes. Pero asegura que lo más importante es que cada uno encuentre su propia fragancia. Y da un tip infalible: “Compra lo que te guste a tí, pero repite el perfume que les gusta a los demás en tí”.

Claves para saber elegir

Regalar perfumes suele ser un clásico. Para no marearse y elegir con inteligencia, los expertos revelan sus tips más eficaces. El primer desafío es cómo probar varios aromas y no experimentar una confusión olfativa. “Hay que usar los blotters o tiritas de papel perfumadas, antes de pasar a la piel -explica Pablo Schenfeld, formador regional de Dior-. Una vez que nos pusimos de acuerdo si estamos hablando de cítricos o dulces, por ejemplo, el vendedor debe realizar una serie de preguntas sobre la intensidad buscada, la actividad y la forma de vestir. Con esa orientación, puede ofrecer tres opciones adecuadas y, entonces sí, aplicar sobre la piel”. Si estamos buscando una fragancia masculina para regalar a un hombre, habrá que tener claro si es deportivo, cuáles son sus actividades, su carácter y su forma de vestir, formal o informal.
Los puntos para aplicar son las zonas de mayor circulación sanguínea. “Las muñecas y los pliegues del codo son ideales. Pero no todas las fórmulas son iguales. Algunas permanecen igual desde que se colocan hasta varias horas después. En cambio, otras tiene una salida que al evolucionar se asienta sobre la piel y toma su forma definitiva”, explica Mirtha Pérez, formadora de Kenzo, quien recomienda en estos casos, probar, salir a recorrer el shopping y decidir la compra después de un rato. Si se trata de un regalo, Schenfeld sugiere brumizar el aire, colocar debajo la mano y oler el resultado, menos contaminado por la propia química de nuestro cuerpo. Ambos especialistas aconsejan para “limpiar” el olfato, oler unos granos de café ya que ese aroma seco, neutro y maderoso hace olvidar los anteriores.

Opciones sustentables
Amalia Amoedo, dueña de Fueguia 1833 (www.fueguia.com), laboratorio especializado en crear perfumes personalizados, propone vaporizar pipetas que cubren los probadores y sirven para “catar” las esencias. “Se rocía dentro de la cápsula, se huele, se vuelve a tapar y ni el ambiente ni nuestro cuerpo se contaminan con diferentes aromas”, explica Amoedo. Este laboratorio, además de ofrecer un servicio de elaboración de fragancias personalizadas a partir de la combinación de distintas notas que se eligen entre 1.500, cuenta con un concepto de trazabilidad de sus productos. Por ejemplo, los envases de madera provienen de talleres vinculados a la Fundación Cruzada Patagónica, que obtiene la materia prima de ramas y árboles caídos de los bosques del Sur. El cuidado por el medio ambiente puede ser un diferencial al elegir un perfume aunque sea costoso.
Sin embargo, la opción del regalo perfumado está al alcance de todos los bolsillos. Así lo asegura Ana Cejas, aromaterapeuta certificada, creadora de Aromas del Alma (aromasdelalma.com), y diseñadora de perfumes personalizados para empresas y particulares, quien recomienda hacer pequeños obsequios con nuestras propias manos. Una propuesta muy divertida para que nos ayuden a hacer los chicos es pinchar una naranja con multitud de clavos de olor, y dejarla secar unos días. Luego se usa para mantener fragantes los cajones de la ropa blanca. Con un buen envoltorio es un regalo simple y elegante para el Arbolito.
“A una pequeña ánfora de terracota para colgar del cuello, se le puede colocar una gota de aceite esencial, que se renovará cada vez que se usa. Con el calor del pecho, el aroma sube a la nariz. La cerámica retiene y prolonga el olor”, señala Cejas. Otra idea es perfumar papeles o postales: se embeben trocitos de algodón con una gota de aceite esencial cada uno, se intercalan entre los papeles o postales y se guardan en una bolsa de plástico con cierre. Se dejan un día y, al sacarlos, estarán listos para enviar con un glamoroso mensaje navideño.